dilluns, 21 d’abril de 2008

Crisis en las regiones áridas

Las soluciones económicas ofrecen a las naciones en vías de desarrollo el camino más fiable para la paz.

La vasta región de desiertos, praderas y ralos bosques que se extienden a lo largo del Sahel, el cuerno de África, Oriente Medio y Asia central es, con diferencia, la más conflictiva del planeta. Con excepción de unos pocos estados prósperos del Golfo Pérsico, los países de las regiones áridas se enfrentan a dificultades cada vez mayores; entre ellas, frecuentes y mortíferas sequías, desiertos que avanzan, incrementos de la población y extrema pobreza. La región se caracteriza por ocupar el último lugar en el Indice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, que evalúa a los países según sus ingresos, experanza de vida y resultados educativos.

La consecuencia de estas desesperadas condiciones de vida es que en estos países de las regiones áridas se da una concentración desproporcionada de conflictos violentos con respecto al resto del mundo. Si observamos más de cerca la violencia en Afganistan, Chad, Etiopía, Irak, Pakistán, Somalia y Sudán, descubrimos sociedades tribales y, con frecuencia, de pastores, que luchan por superar crisis ecológicas cada vez más profundas. La escasez de agua, en concreto, se ha convertidoen fuente de conflictos territoriales al fallar el sistema tradicional de gestión de tierras debido al crecimiento de la población, el aumento de la temperatura y el descenso de las precipitaciones.

Cuando Washington examina muchos de estos enfrentamientos, erróneamente ve ideología islamista de fondo. Nuestros dirigentes políticos no reparan en que hay otras poblaciones islámicas mucho más estables en términos económicos, políticos y sociales, ni que la raíz de la crisis de los países de las regiones áridas no es el Islam, sino la pobreza extrema y el estrés ambiental.

Washington, en su modo de pensar, prefiere también el enfoque militarista al desarrollo. Estados Unidos ha apoyado al ejército etíope en una incursión militar en Somalia. Ha presionado para que sean las fuerzas militares las que frenen la ciolencia en Darfur. Ha armado a los clanes del desierto del oeste de Irak y ahora propone armar a los clanes de pastores de Pakistán a lo largo de la frontera armada.

El problema del enfoque militarista estriba en su altísimo coste. Mas ni con eso aborda ninguno de los problemas subyacentes. Es más, a menudo las armas norteamericanas suministradas a los clanes locales acaban siendo utilizadas más tarde contra los propios EE.UU. Resulta revelador que uno de los mayores impedimentos para destinar las tropas de paz propuestas a Darfur sea la carestía de agua. Dada la dificultad de encontrar agua para esos 26,000 soldados, se hace más fácil comprender la gravedad de la continua e irresuelta crisis del agua que enfrentan los entre cinco y siete millones de residentes de Darfur.

Afortunadamente, existen soluciones mucho mejores una vez que se presta entera atención al cuidado del desarrollo sostenible. Actualmente, hay muchas técnicas probadas de acopio de agua de lluvia para uso humano, ganado o cereales. En algunas zonas se podría incrementar la disponibilidad de agua con perforaciones que exploten los acuíferos subterráneos; en otras, se podría utilizar el caudal de los ríos y los residuos superficiales del agua estacional para riego.

Este tipo de soluciones puede costarles a las familias cientos de dólares durante años. Es un desembolso excesivo para los pobres, pero supone muchos menos de lo que cuestan las sociedades de en conflicto y las intervenciones militares. Lo mismo podemos predicar de otras intervenciones de bajo coste para combatir enfermedades, escolarizar a los niños y asegurar una alimentación básica.

Para acabar con la trampa de la pobreza, los pastores pueden incrementar la productividad del ganado mejorando la raza, los cuidados veterinarios y una gestión científica del pienso. Los pastores podrían multiplicar sus ingresos vendiendo animales enteros, productos cárnicos, bienes procesado (cueros) y derivados lácteos. Los estados ricos de Oriente Medio pueden ser un mercado cercano y lucrativo para la ganadería de Africa y Asia Central.

Para la creación de ese mercado de exportación, las economías de pastores necesitarán ayuda, con carreteras para todo tipo de climas, lugares de almacenaje, cobertura de teléfonos móviles, electricidad, cuidados veterinarios y asesoramiento técnico, por mencionar sólo algunas de estas inversiones clave. Con el apoyo decisivo y el compromiso activo del sector privado, las sociedades de las regiones pobres podrán beneficiarse de las técnicas de comunicación transformadoras e incluso conseguir acceso a capital extranjero.

La crisis actual de las regiones áridas de Africa y Asia Central afecta al mundo entero. Estados Unidos debería repensar su insistencia en el enfoque militarista y Europa tendría que desarrollar los compromisos incumplidos de ayuda a esta región. Otras naciones-entre ellas los países ricos de Oriente Medio y nuevos donantes como India y China-pueden también ayudar a cambiar las tornas. El desarrollo sostenible será la única vía fiable para la paz en las vastas y conflictivas regiones áridas.

Jeffrey D. Sachs. Director del Instituto de la Tierra de la universidad de Columbia.

Scientific American (Abril 2008)

1 comentari:

Pravda ha dit...

Dale a un hombre un pez y comera hoy, enseñale a pescar y comera toda la vida, enseñale economia y se hara multimillonario.

Los paises del tercer mundo no necesitan la caridad que les damos desde el primero, necesitan los medios para poder salir adelante solos.

Buen blog compañero, espero que vaya todo bien, te seguire leyendo.